
Los monitores de actividad física han avanzado mucho, pero todos se ven limitados por un problema sencillo: solo miden lo que pueden alcanzar. Ya sea un smartwatch o una banda pectoral, los sensores pueden moverse durante el ejercicio, perder contacto con la piel y tener dificultades para recopilar lecturas precisas de manera constante. Investigadores de Penn State creen tener una solución mucho mejor: una que se pinta directamente sobre el cuerpo.
El equipo desarrolló una tinta conductora que funciona como pintura corporal, lo que permite aplicar tatuajes electrónicos personalizados en casi cualquier parte de la piel. Una vez seca, la pintura forma electrodos altamente sensibles capaces de monitorear la actividad eléctrica producida por el corazón, los músculos y el cerebro, al mismo tiempo que resulta más transpirable y cómoda que los parches adhesivos con sensores convencionales.
A diferencia de los electrodos médicos tradicionales, la pintura se puede mezclar con diferentes pigmentos para crear diseños coloridos, lo que hace que la tecnología se parezca más a una pieza de arte corporal que a un equipo médico.
Los investigadores también afirman que el material se adhiere firmemente a la piel, lo que ayuda a mantener lecturas precisas incluso durante el movimiento y la sudoración (justo donde los wearables actuales suelen tener dificultades).
Esto abre posibilidades muy interesantes. Para quienes entrenan con frecuencia, estos tatuajes temporales podrían ofrecer un monitoreo cardíaco mediante ECG más preciso o un seguimiento detallado de la actividad muscular durante el ejercicio. También podrían ayudar a los atletas a ajustar su rendimiento sin tener que usar múltiples correas, parches o sensores voluminosos.
Las aplicaciones médicas son todavía más relevantes. Estos mismos electrodos en forma de pintura pueden capturar señales cerebrales de EEG, actividad muscular de EMG y lecturas detalladas de ECG que podrían ayudar a los médicos a identificar ritmos cardíacos irregulares o incluso detectar señales de alerta de un ataque cardíaco antes que los wearables actuales.

Los investigadores también creen que la tecnología podría mejorar el control de prótesis robóticas al leer las señales musculares con mayor precisión. Además, los tatuajes no son permanentes. Se pueden eliminar con agua y volver a aplicar cuando sea necesario, lo que los hace mucho menos intrusivos que los dispositivos implantados, pero mucho más versátiles que los parches de electrodos desechables actuales.
Aún no se sabe cuándo (o si) esta tecnología llegará a productos de consumo. Pero a medida que los rastreadores de actividad física siguen evolucionando más allá de la muñeca, un tatuaje electrónico colorido que se parece más a arte corporal que a equipo médico ya no suena tan exagerado.