
Aún faltan años para el lanzamiento de la PS6 (según los expertos del sector), pero parece que Sony sigue trabajando en varias formas de diferenciarla de las generaciones anteriores de consolas.
Siguen circulando múltiples rumores sobre una versión portátil, que permitirá jugar a los mismos juegos, pero con algunas limitaciones, y es probable que sea más compatible con versiones anteriores. Pero las mejoras más importantes, y quizás las más sorprendentes, podrían encontrarse en sus controles.

Sony ha registrado una patente para un nuevo control similar al DualSense que se aleja radicalmente de lo que conocemos y disfrutamos: no tiene botones físicos. En su lugar, el gamepad cuenta con dos zonas táctiles en las que se pueden colocar tus propias configuraciones de botones y D-pad.
Publicada la semana pasada, la patente (a través de VGC) muestra un control con la forma del DualSense de la PS5, pero sin joysticks y con dos paneles táctiles. Estos permiten a los usuarios asignar su propia distribución personalizada.
Incluso se podría cambiar para cada juego, lo que permitiría configurar las teclas y los controles exactos que se necesitan para un título específico. Esto podría ser útil, no solo para juegos más complicados, sino también para mejorar la accesibilidad, para aquellos a quienes les cuesta pulsar botones pequeños.
Sin embargo, hay un inconveniente: cualquiera que haya intentado jugar a juegos de acción de ritmo rápido en la pantalla de un celular sabrá lo fácil que es fallar al pulsar cuando no se pueden sentir físicamente. La tecnología háptica podría ayudar, y parece que forma parte de esta idea, pero no sustituye al D-pad o al thumbstick reales.

Dicho esto, los controles de tipo mouse se emularían mejor a través de paneles táctiles; basta con ver el control de la próxima Steam Machine de Valve.
Quizás el próximo DualSense podría incluir ambos conceptos: controles físicos y pantallas táctiles personalizables. Eso ofrecería lo mejor de ambos mundos. O quizás esta idea se descarte cuando llegue el momento del lanzamiento al mercado. Esto ocurre con frecuencia con las patentes: muchas de ellas nunca ven la luz.